Víctor Jiménez Ures: La salida de Maduro en 198 pasos

Víctor Jiménez Ures: La salida de Maduro en 198 pasos

En el imaginario colectivo, aún después de 28 años, todavía persiste la tesis de que los gobiernos sólo se caen cuando bajan los barrios; y de este modo llevamos décadas esperando “que se forme el peo”, que “se destape la olla de presión”, “que a los pobres les pegue el hambre y se arrechen”, y otros mitos que en realidad parecen más alimentados por el gobierno que por la misma oposición.

¿No entienden? Bueno, les explico: estas creencias paralizantes solamente benefician a la misma dictadura, pues sus esbirros pueden dedicarse libremente a lo suyo (robar, perseguir, destruir, intimidar, etc), mientras el pueblo, sumido en la esperanza de los mitos y en espera de milagros mesiánicos, se dedica a desfallecer, concentrado en sobrevivir o escapar, sin representar ningún riesgo para el gobierno. Visto así, estas creencias limitadoras largamente alimentadas son muy útiles para ellos, y muy nocivas para nosotros.

¡Ya el pueblo bajó señores! Raudo y veloz, acuciado por el hambre y las necesidades bajó de los cerros de Petare, de Catia, de La Vega, en los primeros meses del pasado 2016, fue en busca de comida y libertad, armado con piedras, botellas, y uno que otra pistola. ¿Y saben lo que pasó? Así como bajó, tuvo que subir, ¡Y lo hizo corriendo! perseguido por las balas, las ballenas, los perdigones y el gas lacrimógeno que eficientemente la GNB y la PNB tenían preparados para estos casos.





Somos tan inocentes que nos negamos a admitir que el chavismo surgió justamente de las mareas del desorden social y, por consiguiente, está vacunado contra eso. Los disturbios y saqueos no le hacen mella al gobierno, y, sin embargo, dañan severamente a nuestro ya casi extinto sector privado, cuestión que a la larga aumenta la dependencia del Estado y, por tanto, lo fortalece (ver caso Guasdualito).

Retar al gobierno justo en su punto fuerte (la violencia) es un craso error en el que quieren que caigamos. De allí las continuas provocaciones: quieren que pisemos la concha de la violencia para arrasarnos, como lo hizo Erdo?an en Turquía después del golpe. Para los amos de la guerra criollos, los espasmos de una sociedad agonizante son los clavos que les apuntalan en el poder. No en vano la doctrina militar que adoptaron, hace ya bastante tiempo, es la de la Guerra Asimétrica: No necesitan de las ciudades para mantener el control de las instituciones gubernamentales y seguir dando la pelea. (El caso del gobierno de Al Asad, que tiene estrechos lazos con la dictadura venezolana, es un buen ejemplo en cuanto a guerra asimétrica se refiere… luego de varios años, Siria está arruinada, no queda piedra sobre piedra, pero el gobierno sigue peleando por preservar el poder).

La solución entonces es LA LUCHA NO VIOLENTA, que consiste en un conjunto de estrategias pacíficas, pero bastante contundentes, que buscan socavar las bases del estado debilitando las columnas del poder que lo sostienen (Instituciones armadas, administración pública, poder judicial, las bases electorales que todavía queden). La idea no es destruir las columnas del poder, sino transferirlas a nuestra causa. Recordemos que, por muchas diferencias que tengamos, todos somos venezolanos, y por tanto hermanos. La idea no es perseguir ni excluir, sino integrar y unificar. Si logramos aglutinar a toda la gente en una sola dirección, poco o nada podrá hacer este gobierno cuya única carta de presentación es la violencia. No necesitamos de un líder o un caudillo mesiánico que nos diga que hacer, podemos actuar nosotros mismos.

Este tipo de lucha no es desorden, anarquía, guarimba ni disturbios, al contrario, es orden, organización y respeto. Tampoco es la estrategia de los cobardes, pues hay que tener las bolas bien puestas para enfrentarse a un militar armado y entrenado contando únicamente con fe, voluntad y fuerza moral. Tomen en cuenta además que, estadísticamente hablando, las insurrecciones armadas fracasan más a menudo que los movimientos pacíficos, pregúntele a los Chavistas.

Les recomiendo encarecidamente comenzar a estudiar los 198 métodos de Acción No Violenta de Gene Sharp, desechar las ideas limitadoras y difundir el mensaje de la Lucha No Violenta entre todos sus círculos de amistades y conocidos; comencemos desde ya a sentar las bases del cambio que nuestro país necesita urgentemente, encendamos la esperanza en el corazón de nuestro pueblo y devolvámosle las ganas de luchar a nuestra gente. ¡Sí se puede!

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