El terminal de ferrys de Puerto La Cruz y la millonaria trama de corrupción roja que acabó en desastre

Así luce hoy el lugar donde no se construyó el terminal de ferrys de Puerto La Cruz

 

 

 

 

En 2014 el terminal de ferrys de Puerto La Cruz recién remodelado, fue repentinamente demolido completamente por órdenes del entonces alcalde del municipio Sotillo, Magglio Ordóñez. Allí se construiría una nueva estación marítima con una sala de espera moderna, baños, restaurantes y pasarelas que unirían al edificio con los muelles.

Corresponsalía La Patilla

La obra costó 800 millones de bolívares, unos 220 millones de dólares para la época, que aún no queda claro si se canceló en su totalidad. El moderno terminal estaba planeado para ser culminado a finales de 2015, pero hubo retrasos en el inicio, en la remoción de la estructura demolida y en la adecuación de las áreas.

Sin embargo, el terminal marítimo más importante del oriente del país seguía funcionando a medias. Los pasajeros eran llevados a carpas improvisadas en uno de los patios donde funcionaban desde las taquillas de boletería hasta las oficinas del Saime.

Pasó el tiempo y los aires acondicionados empezaron a fallar. Los malos olores, las moscas y hasta los ratones convivían con los pasajeros. La espera los usuarios para abordar los ferrys bajo esas condiciones generaba angustia y molestias, mientras la obra seguía paralizada.

Inicio de la corrupción

Así luce hoy el lugar donde no se construyó el terminal de ferrys de Puerto La Cruz

 

 

 

 

Tres meses antes de la demolición del antiguo terminal, se entregaron obras de remodelación. Según los rimbombantes anuncios de funcionarios del régimen chavista, la infraestructura mostraría una nueva cara a los turistas. La intención era “impulsar la industria del turismo y crear hasta un muelle de cruceros que generaría empleos”, dijo un extrabajador del terminal, que prefirió no identificarse.

Los sueños se convirtieron en abandono. El terminal ya no tenía la alegría y el dinamismo que era punto de referencia a nivel nacional. Quienes vivían de las actividades económicas de ese lugar ya no tenían empleo.

En abril de 2015, Carlos Andrés Michelangeli, diputado a la Asamblea Nacional, denunció el desfalco de 700 millones de bolívares (unos 200 millones de dólares para la época) en lo que sería la construcción del nuevo Terminal de Ferrys en Puerto La Cruz, según publicó en la fecha el portal de El Tiempo.

En ese entonces, Michelangeli declaró que “el pasado 26 de octubre del año 2013, el mayor general Hebert García Plaza, anunció que en un trabajo conjunto con la gobernación del estado Anzoátegui se invertirían 701 millones 543 mil bolívares para la nueve sede y adecuación de los muelles 3 y 4 para la llegada de cruceros”.

Empanadas del ferry

La venta de empanadas se vino abajo

 

 

 

Siete años después en el terminal marítimo apenas opera el área de carga pesada. Las ruinas recuerdan los mejores momentos de este lugar, que no solo servía para el traslado de pasajeros y mercancías, sino que era un atractivo turístico. Hoy solamente se observa un espacio vacío donde construyeron un edificio para la Guardia Nacional Bolivariana que aún no está en funcionamiento.

Las puertas que siempre estuvieron abiertas, hoy están cerradas. Al fondo se ve la flota de barcos hundidos, oxidados, desmantelados, “reflejando lo que fue Venezuela y las ruinas en las que se encuentra ahora”, dijo Jorge Salazar, quien desde hace más de 20 años come empanadas en el sitio.

Abiertas las 24 horas del día, no había descanso. Teníamos empleados en varios turnos“. Así recuerda Sonia Del Valle que trabaja en los puestos de ventas de empanadas, un lugar emblemático cercano al terminal de ferrys.

Relató que los barcos salían varias veces al día y cada vez había que preparar empanadas. “Los turistas venían a cada rato. Teníamos como veinte sabores o hasta más en las empanadas y salsas de todo“, recuerda con nostalgia.

Cuando se inició la remodelación, soñaban con que llegarían más turistas. Muchas de esas mujeres eran sostén de familia y vendiendo empanadas vieron cómo sus hijos se convertían en médicos, abogados, contadores, profesionales graduados de las mejores universidades del país.

Las llamadas “empanaderas del ferry” se niegan a morir, aunque algunos locales han cerrado o cambiado de dueños, guardan las esperanzas de revivir esos buenos años.

Improvisación chavista

Donde construirían el terminal de ferrys solo hay un edificio vacío de la Guardia Nacional

 

 

 

Actualmente el terminal funciona en el Puerto de Guanta, en un espacio que sería “provisional” mientras se reparaban los muelles de Puerto La Cruz. El espacio es abierto, amplio, con sillas y taquillas al aire libre. “Aquí no es lo mismo, no hay el calor de la gente, el gentilicio que se sentía en Puerto La Cruz. Es funcional, pero no es lo mismo”, aseguró Ronald Morales, turista caraqueño que tradicionalmente viaja con toda su familia a Margarita.

En el muelle están anclados los buques que, en su momento, integraron la flota de una de las empresas de ferrys más modernas de Latinoamérica y hoy solo son un amasijo de hierro. En tan deplorable estado que hasta sus trabajadores afirman que solo vendiéndolas como chatarra podría recuperarse parte del dinero de la empresa.