La conversación entre una rusa y una ucraniana que el Kremlin no quiere escuchar

La conversación entre una rusa y una ucraniana que el Kremlin no quiere escuchar

Irina Sinelnik (en pie) y Galyna Koryzma posan tras la conversación mantenida esta semana en Madrid FOTO: ALBERTO R. ROLDÁN LA RAZÓN

 

 

 





Galyna Koryzma e Irina Sinelnik acceden a encontrarse en una cafetería de Madrid. Parece una situación trivial, pero la tensión es evidente. Ya ha pasado más de una semana desde que Ucrania, país de Galyna, fuera atacada por tierra, mar y aire por Rusia, la patria de Irina. Se saludan brevemente en ruso y arranca la conversación, tímida al principio. Sobre el papel, estas dos mujeres tienen una vida calcada. Ambas llegaron a España hace más de una década para buscarse la vida y las dos han tenido que criar solas a un único hijo.

Por La Razón

La enorme diferencia, como reconoce Irina, es que Andriy, el hijo de Galyna, está en Ucrania participando en la defensa de su tierra mientras el suyo está con ella en Madrid: «Si estuviéramos en Rusia, Mateo tendría que estar en el Ejército y podrían haberlo mandado a Ucrania». Pero asegura que esta circunstancia tampoco le hace sentirse tranquila: «Es que yo miro a Galyna, esta mujer preciosa, humilde, que está en España por la misma razón que yo y no encuentro diferencias entre nosotras. Cuando ves cómo pegan a tu hermana te duele más y te sientes peor que si te lo hicieran a ti».

Galyna es técnico de telefonía y en España trabaja limpiando casas por horas. También escribe poemas y hace traducciones. Sufre terriblemente por la familia que dejó allí; su madre, su hijo, su nuera y dos nietos. Por el momento, están en Ivano-Frankivsk, al oeste de Ucrania y la región más segura. Dice que jamás perdonará a Putin, «dictador del demonio», lo que está haciendo a su gente. «Solo quiero que mi país siga siendo libre y democrático. Los ucranianos queremos vivir dentro de nuestras fronteras, no ambicionamos ni un centímetro de las naciones vecinas. Que los rusos vivan como quieran, pero sin tocar nuestra tierra ni matar a los nuestros. Estoy feliz de ser ucraniana y confío en una victoria que nos permita vivir en paz como antes».

La visión de Irina, que trabaja como «coach» educativa, es más equidistante: «Todos participamos de esta inconsciencia colectiva, como decía Jung. Con el miedo, la agresión, la vergüenza, creamos un inodoro lleno de mierda. Putin es el que ha apretado el botón, pero esto es como una familia en la que estamos todos. Estamos viviendo un conflicto en el que dos luchan, pero el resto proporciona los cuchillos. Es un error y una tragedia, un incendio al que muchos contribuyen echando leña al fuego».

Aunque Galyna no ha probado aún el café que se enfría en la taza, el ambiente se va relajando. Quizá están descubriendo que no les separa tanto como creían, y que el agujero que sienten por dentro es de una dimensión parecida. Ninguna contemplaba este desenlace bélico ni en sus peores pesadillas y ambas han dejado de informarse por los canales oficiales; prefieren Telegram y YouTube.

Para seguir leyendo, clic AQUÍ.